21 de febrero de 2008

De Guardia

... Me dolía la cabeza, me pesaba todo el cuerpo. Apenas podía abrir los ojos. Todo estaba oscuro. Silencio. Sólo el sonido de mi respiración. Un frío helador me paralizaba y me hacía temblar. ¿Donde estoy? Intenté moverme pero algo me lo impedía. Algún tipo de tela me tapaba la cara. ¡Nada!, no se oía nada, no se veía nada.
Sentí como si me tocaran. Como una mano suave pero firme me presionaba, como inspeccionando. Como si buscara algo perdido en los bolsillos de mi cuerpo. Duró breves segundos, haciéndome dudar de su veracidad.
Escuché algo de repente, parecía una voz. Sí, una voz susurrante, aguda, fria. ¿Pero qué dice?... ¡Ah, dice mi nombre!
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