14 de mayo de 2009

AL OTRO LADO

No era la primera vez.
Estar en el lado del paciente no me resulta ajeno, aunque en otra ocasiones ha sido cuestión casi fisiológica, aunque mediara el cuchillo por medio, se trataba de traer vidas a este mundo.
Estar enfermo, perder la salud, le hace a una sentirse pequeñita, muy pequeñita, desvalida, pero desde luego entregada a los profesionales para que te lo solucionen. Cuando te sientes así estás dispuesto a que te pinchen, te droguen, te sonden, te manoseen o te rajen. Y, ¡cielos! si no me tocaron 20 manos de cirujano no me tocó ninguna. Al menos me libré del cuchillo y sólo ha sido un susto. Ahora, da gusto entrar en mi hospital, me he sentido arropada, querida, mimada por todos los profesionales implicados, de todas las categorías, por mis compañeros de servicio, por el resto de compañeros de otros servicios, todas las enfermeras y auxiliares de quirófano. Las Secres, los celadores, las empleadas. Menos mal que era cosa de nada que si no tenían que haberme puesto "un ala" entera para mí ... Es una de las características de mi hospital, tan pequeño, donde nos conocemos todos. Además ya ha salido en la prensa que es el NUMBER ONE en las encuestas de satisfacción, y por algo será. Por supuesto he tenido a mi familia al pie del cañón, cuidándome y atendiéndome en todos los aspectos. (Qué tía con suerte soy)

MUCHAS GRACIAS A TODOS
OS QUIERO
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