14 de junio de 2009

Es de día ... o no, creo que me he dormido, aunque no recuerdo el momento. No recuerdo donde estoy. No recuerdo si es verano o invierno, si es Lunes o Sábado. La sensación del sol en mis ojos, cálido, me ha despertado. No escucho ningún ruido. Silencio. Me concentro y parece que oigo los pájaros. Tengo el cuerpo dolorido, de haber estado en la misma postura mucho tiempo. La garganta seca. Noto un vacío en el estómago.
¡Ah!, ¡qué placer más intenso!: despertarse de la siesta al sol sin saber si quiera quienes somos ni a donde vamos. Nada importa salvo la inmediatez del sopor para volver a dejarnos llevar a la más profunda oscuridad, al silencio remoto de nuestros sueños.

Qué ganas tengo de que lleguen esas horas doradas de la siesta de verano durante las ansiadas y merecidas vacaciones. ¡Venid ya! ¡Os necesito!
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