4 de agosto de 2010

CERRADO EN AGOSTO...

El final de aquel pasillo no se podía distinguir claramente a dónde llevaba. Ningún cartel, ninguna señal. Ni siquiera una flecha esperanzadora que evidenciase la obviedad más sencilla de que definitivamente el corredor conducía a algún destino. No había ni un alma, apenas las tres de la tarde y los pasos acelerados resonaban amortiguados. Era inevitable mirar hacia atrás: ¿Me seguirá alguien? Todos habían oído hablar de "La niña" y aunque en todos los relatos se manifestaba pacífica y tranquilizadora, no apetece encontrársela en medio de la nada sin más defensa que un fonendoscopio , que ni siquiera es pediátrico. No pude evitar echarme a correr. ¿A quien se le ocurre dejarse el bolso en la consulta al otro lado del hospital cuando están a punto de cerrar? Menos mal que no me ha ocurrido a las nueve de la noche.
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