29 de junio de 2011

LA GOTA


Una gota en el océano. Eso es lo que supone a un cirujano el postoperatorio inmediato de cualquier intervención. Para ellos es un momento de menor relevancia en cuanto a su impacto en el resultado de la intervención. Sus propios resultados se van a observar a medio-largo plazo, por lo tanto , en general, lo que ocurra en el postoperatorio inmediato a un paciente, no va con ellos.
Sin embargo para un anestesiólogo es todo lo contrario. El postoperatorio inmediato supone el 80% de importancia en la evaluación de su trabajo, el cual depende de lo que se haya realizado durante la intervención, por supuesto. El anestesiólogo es al único prácticamente que le importa la situación del paciente en el inmediato, además de indudablemente el propio paciente y l@s enfermer@s y auxiliares que atienden en el despertar a ese paciente (muchas gracias a ell@s)
Pero incluso el propio paciente se acaba olvidando de ese momento, tanto si fue de una calidad exquisita como si fue "normal", si le dolió moderadamente o vomitó sin parar. Se asume que es normal.
Para mi es diferente. Una gran satisfacción que obtengo como profesional, despertar un paciente con una sonrisa en sus labios o al menos con una dulce somnolencia placentera. Pero esto exige, o al menos a mi, una dedicación, preparación y estudio.
Por tanto no voy a consentir que CUALQUIERA cuestione mi trabajo o me pida explicaciones absurdas, sobre todo porque yo tampoco las pido y no soy la típica anestesista protestona que siempre se queja de los cirujanos, de lo que tardan o les dice que operen así o asá, etc, etc. Yo exijo respeto , puesto que yo lo doy. Para mí y para el paciente. Exijo puntualidad, puesto que yo la tengo. Y exijo comprensión y cierta flexibilidad (aunque parezca incongruente) por que yo también lo soy.

Este abismo entre la gota de agua en el océano del cirujano y el océano en el desierto del anestesiólogo es uno de los principales motivos por los que nos enfrentamos los cirujanos y anestesiólogos y por lo que estamos avocados al desencuentro contínuo.
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