6 de noviembre de 2012

Cuando alguien deja huella

Siempre cuesta despedir a un amigo, aunque se marche para emprender una aventura, un proyecto que le va a traer la felicidad. Puede más el egoísmo de no poder disfrutar de nuestro amigo, de no compartir momentos, de no crecer juntos en experiencia, recuerdos, errores y nuevas amistades en común. Pesa el no haber aprovechado el tiempo al máximo para transmitir emociones y sentimientos, admiración y comprensión. El no haber expresado con hechos y palabras lo que muchas veces pensamos. Nos han faltado momentos de intmidad, de noches sin dormir en una guardia, viajes de placer, salidas de juerga y cenas de mujeres sin niños. Quizás el salto generacional y el ritmo de nuestras vidas nos lo ha impedido, aunque lo hayamos pensado a veces. 

Echaremos de menos tu compañerismo, la dócil sonrisa, la prudente mirada, tu tolerante carácter, la versatilidad en las relaciones y en tus habilidades. Esa frágil figura que todos queremos arropar.
Te vas muy lejos, Cristina, pero te quedas en nuestros corazones. Nos marcharíamos contigo no sólo por el atractivo del viaje al otro lado del planeta, de tierras nuevas, de un futuro laboral alentador, sino para poder disfrutar de tu compañía y de tu familia, que te envuelve como un encantamiento adorable. 
Está claro que allí donde vayas triunfarás. ¿Aún no te he dicho que te quiero? Aunque me da mucha envidia tu aventura y te perdono que nos dejes aquí solos, en este barco que se hunde. Nos dejas sin salvavidas a los que agarrarnos. 

Mucha suerte, siempre nos tendrás.
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