22 de julio de 2013

SEMBRAR




Cuando se deja la tierra en barbecho, se enriquece, sin embargo, si no volvemos a cuidarla, abonarla, limpiarla y regarla, se muere.
Por eso las vaciones vienen bien, son como el barbecho para reposar un poco nuestro crebro, que descanse y se fortalezca de nuevo para luego poder seguir con energía. Pero esa tierra fértil que es nuestro cerebro necesita que se la siembre de nuevo con nuevos conocimientos, o con el refuerzo de los ya conocidos, añadiendo algún aliciente a modo de abono, para que no caigamos en la rutina y en la desidia.
A veces la búsqueda de ese abono es lo más difícil. Pero cuando recogemos los frutos de nuestra cosecha es cuando comprobamos la eficacia de los mismos y nos sirven a su vez de retroalimento para continuar.
Publicar un comentario