1 de noviembre de 2011

Motivación


El motor de la vida.
Cuanto echo de menos, en ocasiones, el tener un incentivo, algo por lo que avanzar, estudiar, mejorar, aprender y re-aprender.
Salir del atocinamiento, de la boina, de la desidia intelectual o científica. De esa corriente increíblemente fuerte que arrastra al beneplácito de unos muchos acomodados en su confort de la incompetencia, ineptitud e inconsciencia.
Por eso cuando aparece o asoma a modo de conato algo que sale de lo cotidiano, de la rutina es como si ocurriera una hecatombe. De nuevo viene una chispa de emoción al intelecto.
Cuando aparece alguien nuevo en el entorno, en un entorno estancado en las personas además de en el conocimiento, es un soplo de aire fresco que remueve la conciencia del ignorante, al menos del ignorante forzoso o "secundario". El ignorante "primario" es inmune a la conciencia del saber.
En toda sociedad científica debe haber una serie de ingredientes fundamentales para que esté viva. Uno de ellos es el ingrediente de la experiencia, otro el del carisma, la capacidad de reflexión, deducción y relación. La humildad, la curiosidad, la necesidad de saber, de enseñar, la capacidad de trabajo... Tiene que haber individuos de todas las características, pero un individuo muy importante es la persona nueva, con más o menos experiencia que traerá reflexiones nuevas, nuevos elementos de juicio, nuevos valores, nuevas experiencias.
Por favor, motivación, no me abandones.

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