10 de septiembre de 2009

LA CHISPA


Si, lo confieso soy adicta a la Coca-Cola. Bueno, tampoco bebo tanta. Tan sólo un par de latas al día, el fin de semana 3 lo más, y siempre con comida. Puedo pasar sin tomar una perfectamente. Ese increíble sabor cuando entra en mi boca, bien fresquita, lo noto bajar por el esófago y dilata mi estómago. A los pocos minutos ya lo noto dispersándose por mi cerebro, encendiendo mis neurónas, iluminando los colores y apaciguando mi sopor. Es tan placentero que dejo que transcurran unos minutos antes de ingerir otra cosa, para que su sabor se prolongue en solitario.... Además es Zero.
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