29 de julio de 2008

En la playa


Esto de ir a la playa es todo una aventura. Preparas las toallas, los bronceadores, las gafas de buceo,el bañador seco para luego cambiarse, la sombrilla, el libro, las gafas de sol... Y no te olvides de las llaves de casa y del coche,más la documentación y la pasta por si surge algo. Cuando ya creías que lo tenias todo preparado y has cerrado la puerta, no sin antes luchar con el perro para que no se sume a la fiesta, alguien se acuerda de algo que se ha dejado ( un peine, un coletero, el juguete de turno...) o alguien tiene ganas de ir al baño.Y hay que volver a abrir la puerta de casa, con el perro ladrando, aullando, porque sabe que te vas y el resto del personal esperando, ya metidos en el coche sudando la gota, -se te olvidó poner el parasol y abrir el coche media hora antes-. Por fin ya estamos todos contentos subidos al coche de camino a la playa, no sin antes haberse peleado los niños por quien va delante, quien le toca cerrar la puerta o quien lleva la sombrilla. Llegamos prontito a la playa,no está lejos. Podríamos ir andando ,un par de km, pero con el calor que hace...y luego la vuelta...No mejor en coche, si señor.¿Ahora quien aparca?. Después de dos vueltas decido ponerlo en la solana de un parking municipal sin coste alguno y algo lejos de donde nos pensamos poner en la arena, pero ya no damos más vueltas.
!Mierda¡, ya tengo sed y se me olvidó coger una botellita de agua.
Así que llegamos a la caliente arena playera, quemándonos los pies y tras dudar un poco nos instalamos en un hueco decente ni muy cerca ni muy lejos del mar con las miradas atentas de los vecinos de todas las nacionalidades. Miradas entre curiosidad e indiferencia. Miradas que utilizaremos también nosotros cuando llegue otra familia después .
La instalación de la sombrilla tiene su miga. Reconozco mi falta de práctica y aunque hoy me ha aguantado todo el tiempo la he tenido que poner dos veces.
Por fín ya descansamos. Mi librito, mis gafas de sol, la brisa marina, el escaso ruido de las olas,- es una calita con calma total-, el sol picando con brío y la paz más absoluta.
Ha merecido la pena.
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